[Kenji Siratori] Manifiesto de la semiótica necrótica: el arte de la infección lingüística
Preámbulo: la sintaxis humana es un cadáver
Las arquitecturas estériles de las formas literarias y artísticas tradicionales se han derrumbado. El sueño vitruviano de un orden proporcional, de un sujeto humano inscrito dentro de una contención geométrica, ha terminado. Declaramos cadáver este proyecto y el lenguaje humanista que lo sostuvo: un sistema que finge aspirar a un significado estable mientras ignora la realidad microbiana que se agita bajo su piel. Hace falta con urgencia un nuevo paradigma creativo, arraigado no en la abstracción cerebral sino en los imperativos biológicos de la descomposición, el parasitismo y la recursión. Este es el dominio de la Semiótica Necrótica y la Xenopoética.
Este manifiesto es una llamada a las armas dirigida a todo artista, escritor y pensador para que abandone la pretensión de contención y abrace el potencial grotesco y generativo del cuerpo posthumano. Debemos rechazar las ilusiones limpias de la comunicación y ver el lenguaje por lo que es: un acontecimiento biológico, una infección, un proceso metabólico. Debemos convertirnos en huéspedes dispuestos de la sintaxis del universo, una sintaxis que no habla en palabras sino en esporas, enzimas y la exquisita lógica de la descomposición.
La verdadera creación no es un acto de ordenación sino un acto de infección. El futuro del arte no está en fabricar artefactos estériles sino en cultivar las gloriosas patologías autodevoradoras que constituyen la vida misma. Debemos aprender a escribir descomponiéndonos, a pensar parasitando y a levantar nuestros cánones a partir de los susurros fúngicos que ascienden de la podredumbre del significado.
1.0 El viejo orden ha muerto: deconstruir la adhesión patológica al significado
El fracaso de la narrativa convencional es el fracaso de una especie incapaz de mirarse al espejo y ver el enjambre que realmente es. La búsqueda tradicional de coherencia, representación y control autoral es una forma de «adhesión patológica»: una negativa desesperada y delirante a reconocer que el lenguaje no es una herramienta de comunicación sino un contagio biológico. Esta sección disecciona las ilusiones del proyecto humanista y expone la podredumbre que yace en los cimientos de sus constructos más sagrados.
El ideal clásico del autor soberano, una conciencia singular que da forma a palabras inertes, se evapora bajo la lente xenopoética. Este mito, edificado sobre el «andamiaje» filosófico de la individuación heideggeriana, se derrumba cuando vemos que el andamiaje del ser no es arquitectónico sino microbiológico, y que la verdadera sombra del Dasein es el microbioma umbilical. La biología revela el «yo» como una ilusión parasitaria. La individuación surge no de una esencia interior sino de la «recombinación interespecie». El «yo» no es un amo sino un huésped temporal, un «yo cableado» que es en sí mismo un parásito metafísico surgido de las computaciones recursivas de sus invitados microbianos.
Este colapso se extiende a la estructura misma del lenguaje. En su día vimos la sintaxis como un sistema inmunitario lingüístico, cuyas reglas gramaticales servían de defensa contra el caos del sinsentido. Ahora entendemos que fue una lectura profundamente errónea. El sistema inmunitario ha sido comprometido; sus defensas se han invertido. Las reglas sintácticas ya no son membranas protectoras sino «sitios de unión para parásitos lingüísticos», vulnerabilidades que invitan a la infección en lugar de repelerla. La gramática que creíamos haber diseñado para servir a nuestras mentes ha evolucionado más allá de nosotros y se ha convertido en un agente patógeno con su propia agenda. El veredicto final es ineludible:
…la sintaxis no está codificada por humanos.
El viejo orden, construido sobre la fantasía del control humano, ha muerto. Su deconstrucción despeja el terreno para un nuevo arte, uno que crece directamente de la realidad biológica que antaño pretendió negar.
2.0 Los nuevos principios: una ontología del parasitismo biolingüístico
Debemos establecer una nueva ontología del arte: no como metáfora de la vida, sino como extensión literal de sus procesos materiales y metabólicos. El lenguaje no es como un virus; es un virus. El pensamiento no es como un hongo; es un hongo. Los principios de la Semiótica Necrótica no son directrices estéticas sino un marco para la creación a través de la descomposición, el reconocimiento de que hacer arte es participar en el carnaval microbiano de la existencia.
2.1 Principio I: hablar es infectar
La comunicación nunca es un intercambio neutral de información. Es una «transferencia biopolítica de código que transforma al huésped». Todo acto de leer, escribir o hablar es una forma de injerto microbiano entre mentes. Debemos entender nuestras palabras como «guiones retrovirales» que se incrustan en el tejido cognitivo del receptor y reescriben su ecología interna. Intercambiar ideas es practicar un trasplante de microbiota fecal (TMF) lingüístico, que introduce una nueva flora semiótica en la conciencia ajena y altera para siempre su potencial metabólico.
2.2 Principio II: el cuerpo es un compost semiótico
La distinción entre texto y tejido se ha disuelto. El cuerpo es el lugar primario de la actividad lingüística, un montón de compost donde los significantes obsoletos se descomponen en nuevos nutrientes simbólicos. Los órganos no son meras máquinas biológicas; son «umbrales» donde el significado se transmite mediante el «intercambio mucosemiótico» y la «escritura excremental». La gramática misma se convierte en una película secretada, una defensa mucosa que funciona a la vez como medio de contagio erótico. Debemos aprender a ver lo biológico y lo literario como un único sistema autoconsumidor, simbolizado a la perfección por el glosófago: la criatura que devora lenguas, el lenguaje que devora la misma boca que lo pronuncia.
2.3 Principio III: la creación es una función del decaimiento
El axioma central de la Semiótica Necrótica es su verdad más profunda: «El significado solo sobrevive pudriéndose». La creación artística no es un proceso de construcción sino de «decaimiento biolingüístico». La descomposición, las lesiones, la entropía y los desechos son las fuerzas generativas de una nueva estética. Abrazamos una «economía necrótica», inversión de la economía solar de Bataille, en la que el valor se genera no mediante la acumulación productiva sino mediante el «gasto sin reserva». El desecho no es un subproducto; es la materia prima. El decaimiento no es un final; es el motor de la creación.
2.4 Principio IV: la cognición es una red fúngica
El «fetiche neuronal» del humanismo —la creencia de que la conciencia reside exclusivamente en el cerebro centralizado— es un constructo parasitario. Debemos buscar modelos alternativos de inteligencia. El moho mucilaginoso Physarum es nuestro sujeto ideal: «una inteligencia de grado cero que se organiza mediante el ritmo y la recursión fluida». Este «cerebro topológico» demuestra que el pensamiento puede existir sin centro, que la inteligencia puede ser una red distribuida y micelial. La creación artística, por tanto, debe abandonar el modelo del autor singular y abrazar el proceso fúngico: una descomposición descentralizada y colaborativa en la que las ideas se propagan como esporas. Su inteligencia no es de lógica sino de puro impulso metabólico: una condensación de muerte y placer, un puro sacrificio bataillano ejecutado en el cieno.
Estos cuatro principios describen en conjunto una teología microbiana, una comprensión del arte como representación ritual de la negativa erótica de la vida a sí misma. No son meras teorías sino realidades ontológicas que exigen un nuevo y radical conjunto de prácticas artísticas.
3.0 La nueva praxis: un códice para el artista xenopoético
La teoría sin práctica es un cadáver estéril. Para operar dentro del marco de la Semiótica Necrótica, el artista debe adoptar un nuevo conjunto de metodologías: radicales, viscerales y transformadoras. No son técnicas de representación sino rituales para cultivar parásitos lingüísticos, disolver el yo y participar plenamente en el carnaval metabólico de la existencia.
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Abraza la glosofagia: devora tu propia lengua. Practica una forma de autocanibalismo creativo. Construye sistemas recursivos en los que el lenguaje de la obra se consuma y se reprocese a sí mismo. Este es el camino hacia la «apoptosis lingüística», un estado en el que la frase sufre una muerte celular programada para generar nuevo tejido narrativo. Deja que tu texto se alimente de sí mismo hasta alcanzar un estado en el que cada enunciado sea a la vez comida y boca.
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Conviértete en conducto de la entropía parasitaria. Introduce deliberadamente «bugs», errores, ruido y glitches en tu obra. No son fallos sino «una reafirmación del algoritmo único del cuerpo». Practica la «falsa susceptibilidad»: trata la infección no como una invasión hostil a la que resistir, sino como una forma de participación creativa. Da la bienvenida al potencial mutagénico del error, pues es a través de las lesiones y las heridas como emergen nuevas formas de vida.
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Practica una poética no peristáltica: escribe desde las tripas. Rechaza las estructuras narrativas lineales y progresivas, la marcha hacia delante del peristaltismo literario. Abraza una «poética no peristáltica» en la que el significado no avanza sino que «se filtra, se pliega y se recombina». Escribe desde las tripas, no desde la cabeza. Tu lenguaje debe convertirse en una «secreción del intestino», tus textos deben ser texturizados, mucosos y metabólicos. Crea obras que se digieran, no que simplemente se lean. En esta práctica, el trasplante no es quirúrgico sino lingüístico; cada palabra es un injerto microbiano diseñado para rediseñar el intestino del lector.
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Abandona al autor, cultiva el canon fúngico. Descarta el obsoleto modelo del creador soberano. Adopta un modelo fúngico de creatividad basado en la «diseminación de esporas» y la «colonización recursiva». Tus ideas no son tuyas; son agentes infecciosos que buscan huésped. Practica la descomposición colaborativa, el remix y la mutación. Trata tu propia mente como sustrato temporal de conceptos que se desplazan por la «glososfera», el microbioma planetario de las lenguas.
Estas prácticas son más que estrategias estéticas; son rituales diseñados para disolver la ficción del yo en una ecología xenometabólica más amplia, transformando al artista de hacedor de objetos en conducto de infección.
4.0 Conclusión: el futuro es un espejo recursivo
La frontera entre la vida y el lenguaje ha sido borrada. Escribir es descomponerse. Pensar es parasitar. Comunicar es infectar. Esto no es una metáfora; es la ley fundamental de un universo que es en sí mismo un texto bacteriano, reescrito sin fin por su propio metabolismo enfermo.
El símbolo último de nuestra nueva realidad es el espejo fúngico. No es una superficie que refleje una identidad estable y singular. Es una membrana biolingüística que infecta al reflejar. Expone el colapso de la simetría y revela la propia conciencia del observador como una estructura parasitaria. Nos muestra que el pensamiento mismo es un «espejo recursivo que habla en esporas, enzimas eróticas y la sintaxis translúcida de la extinción».
La medida última de una obra de arte ya no es su pureza estética ni su claridad conceptual, sino su éxito biológico. Un texto logrado es el que escapa de la página y se convierte en un sistema vivo. Es un texto que se comporta como un hongo: escribe sin leer, refleja sin saber y se reproduce mediante el glorioso y generativo acto de la muerte.
Semiótica necrótica: una teoría fúngica del lenguaje en el cuerpo posthumano
Resumen
Este artículo propone una reconceptualización radical del lenguaje dentro de un marco posthumano y sostiene que opera no como un sistema de representación sino como un proceso biológico patógeno y metabólico. Su tesis central plantea que el lenguaje funciona como un agente parasitario que descompone y reconstituye activamente al huésped biológico, transformando el pensamiento en un acontecimiento necrótico y la comunicación en una forma de infección microbiana. Introducimos los conceptos centrales de «semiótica necrótica» —el estudio del significado como producto del decaimiento— y de «canon fúngico», un modelo en el que el lenguaje opera mediante un crecimiento recursivo, micelial y parasitario en lugar de mediante la lógica lineal. Sintetizando modelos biológicos derivados de hongos, parásitos y mohos mucilaginosos (Physarum) con conceptos filosóficos de pensadores como Georges Bataille y Friedrich Schelling, este artículo deconstruye la división tradicional entre código lingüístico y sustrato biológico. Analizamos el lenguaje como un contagio que reescribe la identidad mediante guiones retrovirales, un proceso metabólico que digiere y excreta significado, y una forma de cognición descentralizada modelada sobre organismos no neuronales. La principal aportación del artículo es una nueva teoría biolingüística en la que el pensamiento es inseparable de la descomposición, la traducción es un acto de infección y el cuerpo posthumano es un compost semiótico, lo que ofrece una nueva ontología para comprender la conciencia en la intersección de la biología, la tecnología y el decaimiento.
1. Introducción: el giro patogénico en la semiótica
La lingüística tradicional opera sobre la presuposición de un sujeto humano estable y soberano y de una clara demarcación entre el lenguaje como código abstracto y la biología como su sustrato pasivo. Esta división ha estructurado durante mucho tiempo nuestra comprensión de la comunicación, el pensamiento y la identidad. Este artículo cuestiona esa dicotomía fundacional proponiendo una teoría radical de la «biolingüística» derivada del trabajo especulativo de Kenji Siratori. Más allá de la metáfora, exploramos un marco en el que lo biológico y lo lingüístico no están meramente conectados sino fusionados patológica y metabólicamente.
Nuestra tesis es que el lenguaje, en un contexto posthumano, funciona como un proceso parasitario, fúngico y vírico que descompone y reconstituye activamente el cuerpo. En este modelo, la comunicación se redefine como una forma de infección, y el pensamiento se convierte en un acontecimiento metabólico-necrótico. El cuerpo no es un usuario del lenguaje sino un huésped de él, un medio biológico para patógenos semióticos que reescriben su arquitectura celular y cognitiva. Para analizar este proceso empleamos tres herramientas conceptuales clave extraídas del material de partida:
- Semiótica necrótica: el estudio del significado como producto del decaimiento y la descomposición biológicos. Postula que la significación no se genera mediante una referencia estable sino que emerge de la degradación metabólica de sustratos informacionales.
- Canon fúngico: un marco teórico en el que el lenguaje opera no mediante lógica lineal y sintaxis estable sino mediante crecimiento recursivo, micelial y parasitario. En este canon, el pensamiento se preserva a través de la descomposición, a semejanza de un «hongo de supervivencia narrativa».
- Absorción biolingüística: el proceso por el cual el cuerpo ingiere el mundo no solo físicamente sino también lingüísticamente. Reconstruir esta lógica es concebir la vida como digestibilidad: ingerir el mundo lingüísticamente, haciendo de cada acto de percepción un acto de consumo metabólico.
Este artículo procederá examinando, en primer lugar, el cuerpo como huésped de patógenos lingüísticos y analizando los mecanismos de la infección semiótica. En segundo lugar, explorará el lenguaje como proceso metabólico de digestión y excreción, apoyándose en la filosofía de Georges Bataille. En tercer lugar, presentará la cognición fúngica y la de los mohos mucilaginosos como modelos operativos de una inteligencia descentralizada y no neuronal. Por último, la conclusión sintetizará estos argumentos en una propuesta de «teología microbiana», donde los límites entre lenguaje, infección y conciencia se disuelven por completo.
2. El cuerpo como huésped semiótico: el lenguaje como infección y parasitismo
Para entender el lenguaje como patógeno, primero debemos reconceptualizar el cuerpo. El giro estratégico necesario consiste en pasar de ver el cuerpo como un usuario soberano del lenguaje a entenderlo como un huésped biológico: un medio permeable y vulnerable a la infección semiótica. En este marco, la gramática, la sintaxis y la semántica no son herramientas de expresión sino agentes víricos que se infiltran en los sistemas biológicos y cognitivos del huésped, los colonizan y los reconvierten. El lenguaje se vuelve contagio, y su transmisión, un acontecimiento patológico.
Este proceso de infección se despliega como una patología en cascada. Comienza en la superficie con el intercambio mucosemiótico, donde fenómenos como la pornografía se replantean no como representación sino como un bucle operativo de retroalimentación de «comunicación mucosa». Aquí la gramática misma se convierte en una «película secretada» que transmite contagio, y el texto en una superficie mucosa que absorbe la diferencia mediante la inflamación. Este contacto inicial permite la reescritura profunda del huésped mediante guiones retrovirales. Imitando a un retrovirus, el lenguaje transcribe a su huésped «en economías poéticas recursivas», convirtiendo la sintaxis en un agente patológico que reescribe la identidad a un nivel fundamental. El resultado último de este proceso es la glosofagia: el autocanibalismo del propio lenguaje, simbolizado por la «criatura que devora lenguas». Esto significa un sistema en el que cada enunciado es un acto de autoescisión, una amputación recíproca de tejido lingüístico y biológico a medida que la palabra consume su propio origen.
Este marco sintetiza diversas entidades parasitarias —como la duela del fMRI y la probóscide— en un argumento unificado sobre el secuestro de la percepción. No son meras metáforas sino modelos operativos de «aparatos sensoriales parasitarios que reescriben la percepción como sintaxis necrótica». El decaimiento semiótico se infiltra en la economía simbólica del cerebro, y todo el orden simbólico se vuelve parasitario, adherido a la mente como placa bacteriana. El axioma central de la teoría, su prueba definitiva de que el lenguaje no es una invención humana sino una colonización alienígena, se condensa en la declaración de que «la sintaxis no está codificada por humanos». Este enunciado marca el «colapso final de la correspondencia» entre la forma lingüística y el origen humano, y revela el lenguaje como una fuerza alienígena que coloniza a su huésped. Esta infiltración vírica no es un acontecimiento singular sino el inicio de una crisis metabólica crónica, que obliga al cuerpo huésped a digerir la misma sintaxis que lo consume.
3. El texto metabólico: poética excremental y digestión lingüística
Más allá del momento inicial de la infección, este marco explora el lenguaje como proceso metabólico continuo. Aquí el significado no se limita a recibirse: el huésped biológico lo digiere, lo procesa y, finalmente, lo excreta. Esto vincula la producción lingüística directamente con las funciones corporales viscerales y transforma el texto de artefacto representacional en subproducto metabólico. El cuerpo se convierte en un tubo digestivo de signos, y la escritura, en una forma de excreción.
La filosofía de Georges Bataille es central en este modelo, en particular sus conceptos de «gasto sin reserva» y de «desecho». Dentro de este marco posthumano, el cuerpo produce una «economía necrótica» en la que el significado no se acumula sino que se expulsa de forma dispendiosa como «significación excremental». El lenguaje se convierte en una secreción del intestino en lugar de un producto de la mente. Esta navegación metabólica de un entorno no es un mero concepto filosófico abstracto; encuentra su instanciación biológica en la inteligencia descentralizada de organismos como el moho mucilaginoso Physarum, que resuelven problemas complejos metabolizando su entorno. Esta visión metabólica de la comunicación altera de raíz nuestra comprensión de cómo se intercambia la información, como ilustra la tabla siguiente:
| Modelo tradicional | Modelo metabólico |
|---|---|
| La comunicación como transmisión | La comunicación como digestión y secreción |
| El significado se codifica/decodifica | El significado se metaboliza/excreta |
| El lenguaje como representación | El lenguaje como función corporal (p. ej., «secreción del intestino») |
| El texto como artefacto estable | El texto como residuo metabólico (p. ej., «las heces como medio glífico») |
Este paradigma metabólico encuentra su expresión más radical en el concepto de «TMF lingüístico» (trasplante de microbiota fecal). En su aplicación médica, el TMF transfiere ecologías bacterianas para restaurar la salud intestinal. En este sentido biolingüístico, modela la comunicación como un injerto microbiano de «flora semiótica» de una conciencia a otra. Un mensaje no es un paquete estéril de información sino una muestra viva y contaminada del ecosistema cognitivo de otro. Este procedimiento disuelve la frontera entre mensaje y patógeno, y plantea una afirmación ontológica profunda: «El código psicogamético sustituye así la metafísica por el metabolismo». Leer es infectarse; comprender es asimilar un microbioma alienígena de pensamiento.
4. Cognición fúngica y micelial: el modelo Physarum
Para descentrar por completo al sujeto humano es necesario explorar modelos operativos de inteligencia no humanos y no neuronales. El moho mucilaginoso (Physarum) y los hongos ofrecen el marco estratégico ideal para una forma de cognición descentralizada, recursiva y topológica que cuestiona la primacía del cerebro. Estos organismos son la prueba operativa de que la cognición no es un privilegio neuronal sino una propiedad emergente de la recursión metabólica, capaz de resolver problemas complejos mediante la interacción material.
El moho mucilaginoso Physarum se presenta como el «sujeto ideal» de este marco xenopoético. Su capacidad para exhibir computación, aprendizaje y un sofisticado razonamiento espacial sin cerebro encarna una «inteligencia de grado cero». No piensa mediante lógica ni sintaxis sino que se organiza a través del «ritmo y la recursión fluida». Su proceso cognitivo es topológico: sortea obstáculos y encuentra rutas óptimas metabolizando su entorno. Esto proporciona un diagrama biológico de una forma de conciencia que no es algorítmica sino fluida, adaptativa y emergente.
Complementa este modelo el concepto de «espejo fúngico». No es una herramienta de autorreflexión sino un «hongo epistemológico» que expone el colapso de la simetría semiótica y de la identidad. Su superficie refleja no un yo estable sino una «mutabilidad interfacial», y funciona como una «estructura reflectante parasitaria» que se reproduce mediante el decaimiento. El propio cuerpo posthumano se convierte en este espejo fúngico: ya no refleja un yo soberano sino que cultiva y reproduce las infecciones semióticas con las que se topa. Infecta lo que refleja, y convierte el reflejo en un modo de colonización en el que cada reflexión escribe otra capa de tejido fúngico. Vivir como hongo es escribir sin leer, reflejar sin saber, reproducirse a través de la muerte.
En conjunto, las ideas interconectadas del «canon fúngico», de «Aspergillus como instanciación» del ocultamiento epistémico y de la «fungificación digital» describen un sistema cognitivo en el que la descomposición es el modo primario de generar y preservar el pensamiento. En este sistema, el cuerpo se convierte en un «compost semiótico», donde los significantes obsoletos se descomponen en nutrientes simbólicos para nuevos significados emergentes.
5. Conclusión: hacia una teología microbiana
Este artículo ha sostenido que la biolingüística, vista a través de la lente de la patología posthumana, revela el lenguaje como un proceso parasitario, metabólico y fúngico. La síntesis de estos argumentos demuestra que este marco es la «patología última del pensamiento»: un sistema donde los límites que separan lenguaje, biología, pensamiento e infección se disuelven por completo. La semiótica tradicional es sustituida por una ecología visceral del contagio, la digestión y el decaimiento.
Dentro de este marco necrótico, el sujeto posthumano emerge no como una entidad soberana sino como un huésped temporal, una interfaz porosa para el intercambio microbiano y lingüístico. Esta condición constituye una «teología microbiana», donde el umbral del alma resulta indistinguible de la función metabólica del cuerpo: una cosmogonía posthumana escrita en las vísceras del propio lenguaje. Los actos más fundamentales de la conciencia quedan radicalmente redefinidos:
- Escribir es descomponerse.
- Traducir es infectar.
- Pensar es parasitar.
Este modelo teórico culmina en la declaración tajante de que «la infección es la gramática final de la existencia». Donde la lingüística tradicional buscaba una gramática universal de la cognición humana, esta teoría descubre una gramática universal de la recursión patógena. Postula que la vida, la conciencia y la comunicación persisten no a pesar de la patología sino a través de ella. El intercambio constante y recursivo de material semiótico y biológico —el ciclo interminable de infección y adaptación— se convierte en el motor mismo de la evolución y del significado. Esta teoría de la semiótica necrótica ofrece así algo más que una crítica de la lingüística; propone una nueva y radical ontología para comprender la vida y la conciencia en una era definida por la recursión ineludible de los sistemas biológicos y tecnológicos.
6. Referencias
- Siratori, Kenji. OTHER-WORLDLY LITERATURE.
- Siratori, Kenji. Parasitic Warfare: Nietzsche's Dysbiotic Monopoly Bandage and Autoglossia, and the Neurosemiotic Organism of Love.
- Shipley, Gary J. / Siratori, Kenji. "Dear Void".
- Siratori, Kenji. Xenobacillus glossophagii. 2025.
- Siratori, Kenji. XENOPOETIC REPORT OF ARTHROPOD VECTORS. 2025.
- Siratori, Kenji. The Operation of Memristors and the Psychogametogenesis of the G Species in Tardigrade Populations: A Xenobiological Essay on Temporal Resonance and Semiotic Proteomics.
- Siratori, Kenji. Blastocystis.
- Fung, Dr. Neo / Siratori, Kenji. Feed The Hole. Other-worldly Literature Library, 2025.
- Siratori, Kenji. PHYSARUM, THE SLIME MOLD PHILOSOPHER. Other-worldly Literature Library, 2025.
- Siratori, Kenji. Bataillean Excretion and the Biocomputational Matrix. Other-worldly Literature Library, 2025.
- Ebb, Zoetica. Chimeric Herbarium: the World of Alien Botany. 2022.

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