[Dominic Chalmers, Felix Honecker, David Johnson & Gemma Milne] Emprendimiento e ideología: aceleracionismo, decrecimiento y la economía política emergente de la creación de empresas

 


(Traducido por Luis Asenjo Robles)

Dominic Chalmersᵃ'*, Felix Honeckerᵃ, David Johnsonᵇ, Gemma Milneᵃ

ᵃ University of Glasgow, Reino Unido · ᵇ Durham University, Reino Unido

* Autor de correspondencia. Correos electrónicos: Dominic.chalmers@glasgow.ac.uk (D. Chalmers), Felix.honecker@glasgow.ac.uk (F. Honecker), David.johnson@durham.ac.uk (D. Johnson), Gemma.milne@glasgow.ac.uk (G. Milne).

Journal of Business Venturing Insights 25 (2026) e00566 · https://doi.org/10.1016/j.jbvi.2025.e00566 Recibido el 15 de mayo de 2025; recibido en forma revisada el 15 de agosto de 2025; aceptado el 19 de agosto de 2025; disponible en línea el 22 de agosto de 2025.

Traducción no oficial al español de un artículo de acceso abierto publicado bajo licencia CC BY 4.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). No ha sido revisada ni avalada por los autores. Las referencias bibliográficas se mantienen en su idioma original.


Resumen

La investigación sobre emprendimiento ha privilegiado durante mucho tiempo las motivaciones económicas —el beneficio, las oportunidades de mercado y la innovación—, dejando a menudo de lado el papel constitutivo de la ideología. Este artículo cuestiona ese paradigma dominante proponiendo un marco conceptual que sitúa en primer plano al emprendedor ideológico: un actor que emplea estratégicamente la creación de empresas como herramienta para la construcción política de mundos. A partir de las nociones de desterritorialización de Deleuze y Guattari, la teoría de la salida, la voz y la lealtad de Hirschman y los análisis de Slobodian sobre la creación de zonas neoliberales, delineamos cómo los emprendedores motivados ideológicamente construyen sistemas sociotécnicos alternativos para realizar visiones del futuro distintas y a menudo rivales. Examinamos tres arquetipos principales: emprendedores aceleracionistas de derechas que aprovechan la tecnología para construir enclaves que facilitan la salida de la supervisión democrática; aceleracionistas de izquierdas que movilizan la automatización para una transformación sistémica poscapitalista; y actores del decrecimiento/deceleracionistas que construyen economías alternativas, de base ecológica y centradas en las personas. Estas empresas no pretenden solo disrumpir mercados, sino también remodelar las normas sociales, los principios éticos y los sistemas de gobernanza. Contribuimos a las perspectivas heterodoxas emergentes dentro de los estudios del emprendimiento al reformular al emprendedor como un poderoso agente ideológico.


1. Introducción: el retorno de la ideología en el emprendimiento

La literatura académica sobre emprendimiento ha enmarcado predominantemente la creación de empresas desde una óptica económica, destacando la oportunidad, la innovación y la maximización del beneficio como motores centrales de la acción (Alvarez y Barney, 2007; Shane y Venkataraman, 2000). Desde el concepto fundacional de destrucción creativa de Schumpeter (1942) hasta modelos posteriores centrados en la efectuación (Sarasvathy, 2001) y la habilitación externa (Davidsson, 2015), la narrativa dominante se centra en cómo los emprendedores disrumpen los mercados y generan rentas económicas. Sin embargo, esta ortodoxia económica a menudo descuida, o trata como secundaria, una dimensión vital —y cada vez más visible— del emprendimiento: la profunda influencia de la ideología (Bennett et al., 2023; Eberhart et al., 2022; Farias et al., 2020; Jarrodi et al., 2020; Maldonado-Bautista et al., 2021).

Sostenemos que, en el entorno contemporáneo —definido por una polarización creciente, crisis ecológicas cada vez más graves y nuevas formas de experimentación tecnoutópica—, un número creciente de emprendedores se mueve menos por el beneficio y más por visiones ideológicas transformadoras, a menudo radicales. Ampliando el esbozo embrionario que North (1990) hizo del emprendedor ideológico, donde describe su papel en el cambio de los sistemas de creencias, examinamos cómo los actores económicos utilizan la creación de empresas como vehículo estratégico para llevar a la práctica visiones políticas, filosóficas o éticas profundamente arraigadas. Sus ambiciones son a menudo extremas, y van desde acelerar el colapso de la democracia liberal hasta construir economías poscrecimiento o lograr sociedades postrabajo aprovechando el progreso exponencial de la IA y la automatización (Bastani, 2019). Tal acción emprendedora resuena con los llamamientos a entender el emprendimiento como un acto inherentemente político de creación de organizaciones que perturba los órdenes establecidos (Calás et al., 2009; Steyaert y Hjorth, 2008).

Este fenómeno va más allá de los márgenes. Emprendedores asociados con el aceleracionismo de derechas y el pensamiento neorreaccionario (NRx)¹ (Land, 2017; Wendling, 2018) diseñan activamente plataformas y zonas autónomas para eludir la regulación y la rendición de cuentas democrática (Slobodian, 2023). En el otro extremo, otros inspirados por el aceleracionismo de izquierdas buscan aprovechar la IA y la automatización para una transformación social radical y la emancipación (Bastani, 2019; Srnicek y Williams, 2015; Williams y Srnicek, 2013). Otros más oponen resistencia a la aceleración misma y fundan empresas arraigadas en la sostenibilidad ecológica, las culturas de la reparación y la lentitud deliberada (D'Alisa et al., 2014; Schmelzer et al., 2022; Schneider et al., 2010).

Al poner la ideología en primer plano, este artículo aboga por una reevaluación crítica de la motivación y la acción emprendedoras. Las empresas, bajo esta luz, se convierten en algo más que negocios; funcionan como potentes motores de reordenación social, que codifican cosmovisiones específicas en sus operaciones, estructuras y resultados (Latour, 1992; Winner, 2017). Este artículo desarrolla un marco conceptual para analizar cómo, por qué y dónde los emprendedores ideológicos llevan a cabo estos proyectos de construcción de mundos (el diseño y la puesta en práctica intencionados de órdenes sociotécnicos alternativos), prestando especial atención a ejemplos reales que, aunque por ahora están en los márgenes de la economía, están ganando tracción y avanzando hacia el centro.


2. El punto ciego ideológico en la teoría del emprendimiento

La investigación sobre emprendimiento lleva tiempo ocupándose de cuestiones de motivación, propósito y transformación institucional. Los estudiosos que se centran en el emprendimiento social (Dacin et al., 2011; Mair y Martí, 2006), el emprendimiento institucional (Battilana et al., 2009; DiMaggio, 1988) y las empresas guiadas por una misión (Fauchart y Gruber, 2011) han mostrado que no todos los emprendedores se mueven únicamente por el rendimiento financiero. Muchos buscan, en cambio, combatir la injusticia, abordar fallos sistémicos o promover arreglos sociales alternativos en y a través de sus empresas.

Sin embargo, aunque estas literaturas han ampliado el alcance de la motivación emprendedora, a menudo siguen atadas a lógicas funcionales o compatibles con el mercado: las empresas sociales suelen evaluarse según su capacidad de generar alguna forma de impacto medible (p. ej., la reducción del sinhogarismo), escalar la innovación o complementar, en lugar de confrontar, a las instituciones estatales y de mercado. Incluso cuando se presentan como transformadoras, estas empresas tienden a operar dentro de los marcos institucionales dominantes (p. ej., las microfinanzas) o junto a ellos, y con frecuencia están financiadas indirectamente por el Estado para prestar servicios.

El emprendimiento institucional, por su parte, describe a actores que aprovechan recursos con determinación para reformar o reconfigurar las reglas del juego dentro de un campo organizativo existente (Battilana et al., 2009; DiMaggio, 1988). Sus esfuerzos suelen apuntar a normas, reglas o prácticas concretas —como los estándares contables (Greenwood y Suddaby, 2006), los modelos de prestación sanitaria (Maguire et al., 2004; Reay y Hinings, 2005) o las políticas de sostenibilidad (Wijen y Ansari, 2007)— con el fin de hacerlas más eficientes, justas o socialmente inclusivas preservando al mismo tiempo la arquitectura general de mercado y Estado. Para tener éxito, los emprendedores institucionales buscan legitimidad entre los miembros del campo y alinean sus esfuerzos de cambio con lógicas ampliamente aceptadas de crecimiento económico y gestión racional (Battilana et al., 2009).

Por el contrario, como muestra la Tabla 1, el emprendimiento ideológico describe empresas cuyo objetivo principal es oponerse a los órdenes institucionales, salir de ellos o reconstruirlos sobre la base de un conjunto de compromisos normativos a menudo radical. Estos emprendedores no persiguen solo metas sociales o medioambientales; articulan visiones de cómo debería gobernarse y estructurarse la sociedad, y utilizan la creación de empresas como medio clave de expresión política.

Como sostiene Storr (2011), los emprendedores ideológicos no desafían solo la eficiencia o la eficacia, sino también la legitimidad cognitiva y moral. Intentan deslegitimar las instituciones existentes —ya sean los mercados, los Estados o las normas culturales— y construir alternativas más coherentes con su cosmovisión ideológica, aun si ello supone rechazar dogmas como el crecimiento del PIB y, en casos extremos, la democracia representativa (p. ej., el NRx, con su base neocameralista). Al hacerlo se distinguen de los emprendedores institucionales, que buscan cambiar —e incluso introducir nuevas— instituciones, pero lo hacen buscando legitimidad entre las partes interesadas existentes dentro de un entorno metainstitucional establecido.² El emprendimiento ideológico apunta, así, a los cimientos del marco institucional dominante, así como a los conceptos metainstitucionales (p. ej., propiedad, soberanía, dinero, derecho, etc.) que hacen posible tener cualquier institución.

La noción de emprendimiento rebelde de Barbara Walter (2023) —ilustrada por organizaciones como el IRA Provisional en Irlanda del Norte y el brazo militar de ETA en España— designa a actores que se movilizan fuera de las instituciones formales para plantear desafíos acotados y específicos de un ámbito a la autoridad del Estado. Un ejemplo de orientación comercial es el mercado digital Silk Road de Ross Ulbricht. En mensajes de foro y entradas de diario, Ulbricht defendió una visión libertaria de «un mundo sin el uso sistémico de la fuerza» y presentó Silk Road como prueba de que el intercambio no coercitivo era una práctica factible. Empíricamente, sin embargo, el sitio funcionaba como un mercado de narcóticos y contrabando sostenido por comisiones de depósito en garantía (escrow) y tecnologías de anonimato (Christin, 2013). Su ambición institucional se limitaba a erosionar la aplicación del control de drogas; no estableció un régimen de propiedad alternativo, un sistema monetario ni una arquitectura de gobernanza.

Esta brecha entre una retórica antiestatista expansiva y una práctica sectorial específica aclara la frontera entre el emprendimiento rebelde y el ideológico. Los emprendedores rebeldes pueden invocar marcos ideológicos amplios, pero sus objetivos siguen siendo concretos: desestabilización del régimen, captura territorial o elusión de un ámbito regulatorio particular. Los emprendedores ideológicos, en cambio, emplean la creación de empresas para perseguir una sustitución institucional fundacional, construyendo órdenes sociotécnicos duraderos y multidominio (p. ej., cartas jurídicas de ciudades chárter, cooperativas del decrecimiento, organizaciones autónomas descentralizadas [DAO] constitucionales basadas en código). Inevitablemente surgen casos límite, pero el factor diferenciador decisivo es la profundidad y la amplitud de la transformación pretendida: insurgencia táctica frente a construcción sistémica de mundos.

Lo que distingue al emprendimiento ideológico, entonces, no es simplemente que tenga una misión, o que persiga valor social. Es que la empresa se convierte en una plataforma de expresión ideológica y de destrucción y reimaginación institucional: un medio para poner en práctica, amplificar e incrustar una visión particular de cómo debería organizarse la sociedad. A diferencia de los emprendedores sociales, que a menudo trabajan dentro de los sistemas dominantes o junto a ellos para mejorar los resultados, los emprendedores ideológicos suelen buscar liberarse de la hegemonía liberal de mercado vigente, rechazando sus supuestos sobre el crecimiento y la legitimidad institucional. Ya estén orientados hacia la aceleración tecnológica (Bastani, 2019), la suficiencia ecológica (Hickel, 2020) o la soberanía de las élites (Smith y Burrows, 2021), estos actores usan el emprendimiento no para mejorar de forma incremental el mundo tal como es, sino para construir el mundo tal como creen que debería ser.

Sintetizando estas ideas, definimos al emprendedor ideológico como:

Un actor que utiliza la creación de empresas como medio para impugnar, escapar de o reconstituir los órdenes institucionales dominantes sobre la base de una visión normativa de cómo debería estructurarse, gobernarse o valorarse la sociedad. En lugar de perseguir la oportunidad económica dentro de los marcos existentes, el emprendedor ideológico busca materializar una cosmovisión particular, desplegando la empresa como lugar de expresión política, experimentación institucional y rediseño social.

Esta conceptualización sitúa el emprendimiento ideológico no como una subcategoría de la empresa social o guiada por una misión, sino como una forma distinta de agencia institucional: una que es explícitamente política en su intención, estructural en su alcance y transformadora en su ambición.


3. Un marco para entender el emprendimiento ideológico: ¿cómo, por qué y dónde?

Para teorizar la ideología como motor central de la acción emprendedora, sintetizamos tres perspectivas que nos permiten ampliar la conceptualización que North (1990) hizo del emprendedor ideológico, concretamente preguntando cómo, por qué y dónde tiene lugar esta actividad. En primer lugar, partiendo de la teoría aceleracionista, recurrimos a los conceptos de desterritorialización (el desmantelamiento de estructuras y códigos existentes) y reterritorialización (la creación de nuevas estructuras y códigos) de Deleuze y Guattari (1983). Esta lente ayuda a analizar cómo las empresas desmontan y reconstruyen activamente realidades sociotécnicas y sus entornos institucionales circundantes. En segundo lugar, recurrimos al marco de Salida, Voz y Lealtad de Hirschman (1970) para examinar por qué los individuos se dedican al emprendimiento ideológico. Esta influyente teoría ilumina por qué los emprendedores pueden optar por la «Salida» (crear sistemas paralelos) en lugar de la «Voz» (implicarse dentro de las estructuras existentes) como respuesta al declive o la insatisfacción percibidos con respecto a un sistema institucional. Por último, nos apoyamos en el reciente análisis de Slobodian (2020, 2023) sobre el neoliberalismo y la política de zonas para explorar dónde tiene lugar esta actividad. Este enfoque de economía política histórica sitúa las estrategias contemporáneas de salida emprendedora (p. ej., ciudades chárter, criptoenclaves) dentro de un linaje más largo de esfuerzos de las élites por aislar al capital de la rendición de cuentas democrática mediante la creación de zonas de excepción (Easterling, 2014), y dirige la atención hacia ejemplos intrigantes de estas ideologías emprendedoras emergentes, en la práctica, a partir de diversos estudios de caso de todo el mundo.

Tabla 1. Tipología de la actividad emprendedora orientada a un propósito.

DimensiónEmprendedor ideológicoEmprendedor socialEmprendedor rebeldeEmprendedor institucional
Motivación principalMaterializar una cosmovisión político-moral integral construyendo sistemas sociotécnicos paralelos (p. ej., moneda, sistemas de gobernanza, derechos de ciudadanía)Resolver un problema social o medioambiental concreto logrando al mismo tiempo sostenibilidad financieraImpugnar una injusticia percibida mediante una acción extralegal o insurgenteMejorar la eficiencia, la equidad o la legitimidad de un campo organizativo o institucional
Objeto del cambioInstituciones fundacionales (propiedad, soberanía, lógica del crecimiento)Un fallo social específico (pobreza, salud, educación, CO₂) dentro del capitalismoLa autoridad del Estado o el titular dominante del poderReglas, normas o prácticas a nivel de campo
Fuente de legitimidadLegitimidad derivada de resistir y rechazar el sistema vigente y a sus actores. Nuevas audiencias confieren legitimidad dentro de un régimen paralelo.Legitimidad derivada de desafiar a los actores establecidos (el Estado, los mercados) y de desplazar después las percepciones de legitimidad para que evalúen positivamente los nuevos modelos de negocio híbridosLegitimidad extraída de una base ideológica y del control coercitivo/la violencia; considerada ilegítima por los actores institucionales establecidosLegitimidad derivada de las instituciones existentes mientras se las remodela gradualmente; se reformulan las ideas nuevas como compatibles con lo que ya se considera legítimo dentro del marco existente
Mecanismo centralEscape institucional y construcción de mundos (ciudades chárter, DAO, comunas del decrecimiento)Innovación compatible con el mercado, inversión de impacto, modelos de negocio híbridosDisrupción extrainstitucional (insurgencia, sabotaje o elusión) con movilización de recursos mediante mercados ilícitos, tributación/extracción o mecenazgo externoCabildeo, establecimiento de estándares, construcción de coaliciones y otras formas de trabajo institucional dentro de un campo institucional
Métrica de éxitoGrado en que la empresa prefigura y difunde el orden institucional preferidoDoble/triple resultado: impacto de la misión y viabilidad financieraConcesiones políticas; desestabilización del régimen; subversión de la ley/prohibición comercialAdopción y difusión de nuevas reglas, estándares o configuraciones institucionales
Ejemplos indicativosCiudad chárter de Próspera; Urbit; Fairphone (lógica alineada con el decrecimiento)Grameen Bank; Too Good To Go; BioLiteIRA Provisional; mercado Silk RoadSun Microsystems (estándar Java); Comercio Justo

Integrar estos marcos revela al emprendedor ideológico no solo como un innovador de mercado, sino como un agente político implicado en la construcción de mundos, a menudo mediante estrategias de retirada, creación de enclaves y construcción de sistemas de gobernanza alternativos (p. ej., los Estados red).

Identificamos tres arquetipos principales de emprendedores ideológicos³ y esbozamos sus lógicas generales.

3.1. Emprendedores aceleracionistas de derechas: colapso, salida y soberanía de zona

Influidos por ideas neorreaccionarias (NRx) y otras afines de tecnolibertarismo (Land, 2017; Moldbug, 2008; Smith y Burrows, 2021), estos actores perciben la democracia liberal como inviable y buscan, bien acelerar su colapso, bien construir vías para la salida de las élites. Sus empresas se centran a menudo en crear tecnologías o espacios físicos que faciliten la retirada de la supervisión democrática y el establecimiento de sistemas de reglas alternativos, a menudo jerárquicos o basados en el mercado. Esto implica una desterritorialización radical respecto del marco del Estado-nación y una reterritorialización dentro de zonas de excepción hechas a medida. Entre los ejemplos figuran proyectos de infraestructura descentralizada que aspiran a liberarse del control estatal (p. ej., Urbit), ecosistemas cripto diseñados para eludir la autoridad monetaria del Estado (DuPont, 2019; Flood y Robb, 2017) e iniciativas de ciudades chárter y seasteading que crean enclaves física o jurídicamente autónomos (p. ej., Próspera), comercializados explícitamente como oportunidades de «Salida» (Quirk y Friedman, 2017). Aquí el emprendimiento funciona como una tecnología de secesión política y de construcción de zonas.

3.2. Emprendedores aceleracionistas de izquierdas: transformación mediante amplificación tecnológica

En contraste, el aceleracionismo de izquierdas (L/Acc) defiende aprovechar y acelerar estratégicamente el desarrollo tecnológico (IA, automatización) para trascender las limitaciones del capitalismo y hacer posible un futuro poscapitalista —potencialmente postrabajo— basado en el bienestar colectivo y la abundancia (Bastani, 2019; Srnicek y Williams, 2015). El L/Acc ve la desterritorialización tecnológica (p. ej., la automatización del trabajo) como potencialmente emancipadora si se dirige políticamente hacia fines igualitarios (Gardiner, 2022). Las manifestaciones emprendedoras pueden incluir empresas que promueven la automatización radical, desarrollan plataformas digitales de código abierto o de propiedad cooperativa (Scholz, 2016) o crean soluciones tecnológicas para servicios básicos universales (Srnicek, 2017). Aunque puede emplear formas de «Salida» de las restricciones capitalistas (p. ej., la escasez, el trabajo asalariado) en un sentido marxista, el L/Acc, en algunas de sus formas, conserva un componente de «Voz» orientado a la transformación sistémica y no a la mera secesión. Sin embargo, se enfrenta a críticas por determinismo tecnológico, posibles nuevas formas de control y límites ecológicos (Noys, 2014); el propio Land (2017) ofrece una crítica cáustica y nihilista del aceleracionismo de izquierdas, y sostiene que este disuelve las categorías morales, sociales y políticas en lugar de realizarlas.

3.3. Emprendedores del decrecimiento y deceleracionistas: resistencia y resiliencia

Frente al impulso aceleracionista, los emprendedores del decrecimiento y deceleracionistas (D/Acc) cuestionan los paradigmas dominantes de crecimiento sin fin y velocidad (Kallis, 2011; Latouche, 2009). Defienden que las empresas prioricen la sostenibilidad ecológica, la equidad social, la resiliencia comunitaria, la reparación y modos de producción y consumo más lentos y deliberados (Jackson, 2016; Kallis et al., 2020; Schneider et al., 2010). Estos emprendedores suelen resistirse a los flujos desterritorializadores del capitalismo de consumo globalizado y se implican, en cambio, en una reterritorialización deliberada en torno a valores alternativos como la suficiencia, la convivialidad y el cuidado (Hickel, 2020; Kallis, 2011). Entre los ejemplos figuran negocios centrados en bienes duraderos/reparables (p. ej., Fairphone), los repair cafés y el movimiento por el «derecho a reparar», las cooperativas de trabajadores, las monedas locales, empresas de «tecnología humana» e incluso una «deceleradora» para emprendedores del sector de la moda (Webb, 2022). El decrecimiento puede darse a escala municipal: la ciudad de Girona es pionera de una estrategia «Postcreixentista» que «investigará y aplicará ajustes en la economía de la ciudad [que] prioricen el bienestar planetario y humano por encima del crecimiento económico sin fin» (Degrowth.org, 2024: 1). Estas ideologías implican a menudo una combinación de «Salida» de la lógica del crecimiento/la velocidad (y del PIB como medida del éxito), «Lealtad» a principios ecológicos/éticos y «Voz» que aboga por un cambio sistémico. El decrecimiento, en particular, exige una recalibración específica de lo que significa emprender, pues rechaza explícitamente muchos de los principios de la creación convencional de empresas. Sin embargo, desde la óptica del emprendimiento ideológico, estos emprendedores podrían considerarse exitosos precisamente por las rentas económicas relativamente menores que obtienen en comparación con las empresas convencionales.

La Tabla 2, a continuación, esboza un espectro de emprendimiento ideológico en el que las empresas buscan disrumpir, transformar o reforzar los arreglos institucionales imperantes. Siguiendo a Zankl y Grimes (2024), usamos al emprendedor liberal de mercado hegemónico como punto de anclaje de nuestro marco. Sugerimos que la mayor parte de la actividad emprendedora convencional opera bajo este sistema ideológico, en el que los actores económicos se adhieren a los mercados competitivos, la propiedad privada, la regulación limitada y la financiarización, y donde el éxito se evalúa mediante el valor para el accionista y el crecimiento del PIB a escala nacional. Nuestras categorías aceleracionistas/deceleracionistas representan una desviación ideológica más explícita de este marco dominante. Es importante señalar que estos arquetipos no son mutuamente excluyentes, lo cual plantea un tema interesante para análisis posteriores; actores como Peter Thiel pueden considerarse operando en varias posiciones a la vez, combinando lógicas tecnolibertarias (p. ej., financiando el Seasteading Institute⁴), neorreaccionarias (financiando la start-up Urbit de Curtis Yarvin⁵) y liberales de mercado (cofundando Palantir⁶) a lo largo de su cartera de actividades, lo que sugiere que un emprendedor puede operar negocios «convencionales» y emprender al mismo tiempo empresas radicales movidas por la ideología. Nuestra conceptualización entiende, por tanto, el emprendimiento ideológico como un proceso en el que la ideología personal se traduce en estrategias a nivel de empresa mediante una implementación selectiva, sujeta a la modificación por factores organizativos y ambientales. La ideología fija una intención direccional, pero las prácticas efectivamente realizadas de cada empresa en la que participa el emprendedor ideológico pueden reflejar compromisos, lógicas híbridas o incluso contradicciones.

Tabla 2. Arquetipos del emprendimiento ideológico.

Ideología centralLógica estratégica para la creación de empresas¿Cómo? Modo de implementación¿Por qué? Lógica motivacional (modo de implicación)¿Dónde? Política de zonas
Emprendedor liberal de mercado (opción hegemónica por defecto)Neoliberalismo, resolución tecnocrática de problemas, optimización financieraConstruir empresas escalables para el éxito en el mercado; disrumpir sectores ineficientes con soluciones apoyadas en tecnología; crecer, salir, repetirDesterritorializar mercados ineficientes con soluciones apoyadas en tecnología; reterritorializar en torno a sistemas optimizados y orientados al beneficioCreencia en los mercados como el mejor mecanismo de progreso; la insatisfacción con la burocracia lleva a trabajar dentro del sistema (Voz)Opera dentro de los mercados formales y las regulaciones (siempre que faciliten el negocio); uso de zonas económicas especiales facilitadas por el Estado, regímenes de propiedad intelectual y entornos de prueba regulatorios (sandboxes)
Aceleracionista de derechasNeorreacción, tecnoautoritarismo, tecnolibertarismo, futurismo de Silicon ValleyColapsar o eludir la democracia liberal; desregular, descentralizar y construir sistemas privados de rápido movimiento; crear una gobernanza soberana de élite o basada en zonasDesterritorializar la supervisión democrática y la gobernanza pública; reterritorializar en sistemas de rápido movimiento, de gobernanza privada o de soberanía de éliteVen la democracia como lenta, corrupta o contraria a la innovación; preferencia por abandonarla por completo (Salida fuerte)Ciudades chárter, Estados red, criptoenclaves, seasteads
Aceleracionista de izquierdasIgualitarismo del postrabajo, socialismo digital, tecnocomunismoAprovechar/acelerar la automatización para reducir el trabajo y la escasez; construir infraestructuras basadas en los cuidados; empujar la tecnología hacia la abolición de la propiedad y del trabajo asalariadoDesterritorializar el trabajo asalariado y la propiedad privada; reterritorializar en torno a sistemas cooperativos basados en los comunesOposición a la desigualdad capitalista; deseo de transformar el Estado (Voz) o de crear alternativas colectivizadas (Salida fuerte o débil)Plataformas digitales de propiedad obrera, zonas tecnológicas cooperativas, centros de automatización poscapitalista
Deceleracionista / del decrecimientoSuficiencia ecológica, tecnología lenta, anticonsumismoRechazar la velocidad y el crecimiento; construir alternativas locales, basadas en los cuidados y de bajo impactoDesterritorializar las normas capitalistas impulsadas por el crecimiento; reterritorializar en torno a la sostenibilidad y la suficienciaCreencia de que el crecimiento sin fin es ecológica y socialmente destructivo; aspiración a reformar las instituciones (Voz) o a crear sistemas locales autónomos (Salida débil)Zonas económicas localistas, ecoaldeas, redes de reparación y de compartición

Del mismo modo, sugerimos que cada arquetipo contiene un continuo de actividad que puede ir de posturas relativamente moderadas (p. ej., las posiciones aceleracionistas de derechas tecnolibertarias que se centran en la desregulación y el gobierno limitado) a posturas más extremas (como el NRx), explícitamente autoritarias y que recurren a ideas tabú en torno a la raza y la eugenesia (Burrows, 2018).


4. Implicaciones para la teoría, la práctica y las políticas públicas

Como observó North (1990), los emprendedores actúan a menudo como agentes de cambio institucional, buscando remodelar reglas tanto formales como informales. En el caso de los emprendedores ideológicos, este cambio está impulsado por una crítica normativa: un esfuerzo por persuadir a otros de que las instituciones existentes son injustas o no se ajustan a una visión preferida del orden social (Storr, 2011). Dadas las implicaciones sociales potencialmente de gran alcance de tales esfuerzos, sostenemos que es esencial examinar el papel del emprendedor ideológico como una dimensión central —aunque pasada por alto— de la teoría más amplia del emprendimiento. Al hacerlo, ampliamos el enfoque cognitivo de North en la creación de nuevos sistemas de creencias hacia la explicitación de las actividades, a nivel de empresa, que incrustan nuevas ideologías en la práctica.

4.1. Implicaciones teóricas

Este artículo reorienta el emprendimiento como un fenómeno no solo de innovación económica, sino de creación política e ideológica de mundos. Mientras que North (1990) reconoció a los emprendedores como agentes de cambio institucional, y Storr (2011) destacó su capacidad de justificar narrativamente tales cambios, el concepto de emprendedor ideológico va más allá de esos análisis. Los emprendedores ideológicos no se limitan a modificar las instituciones existentes; buscan impugnar, deslegitimar y reconstruir órdenes institucionales sobre la base de visiones normativas de cómo debería organizarse la sociedad. En este sentido, el emprendimiento ideológico representa una forma de acción emprendedora más radical y constitutiva: una orientada a la refundación más que a la adaptación.

A diferencia del emprendedor institucional, que suele operar dentro de las lógicas institucionales existentes para impulsar el cambio, el emprendedor ideológico sitúa en primer plano una visión transformadora del futuro como razón de ser emprendedora y a la vez como plano de acción. Esta visión no es una aspiración abstracta, sino una arquitectura rectora que da forma al diseño organizativo, la dirección estratégica y la elección del entorno operativo. Al incrustar estas visiones en el tejido operativo de sus empresas, los emprendedores ideológicos integran la creación de empresas con la construcción sociotécnica de mundos de maneras que exceden el alcance adaptativo de otros arquetipos emprendedores.

Partiendo de la noción de emprendedores rebeldes de Walter (2023), conceptualizamos a los emprendedores ideológicos como actores híbridos que movilizan recursos tanto económicos como simbólicos para construir nuevas infraestructuras políticas, tecnológicas y económicas. Sin embargo, a diferencia de los insurgentes que operan únicamente por medios extralegales, los emprendedores ideológicos utilizan la creación de empresas como plataforma cuasilegítima de experimentación institucional. Las start-ups, los proyectos cripto, las organizaciones autónomas descentralizadas (DAO) y las ciudades chárter se convierten, en este sentido, no simplemente en fenómenos de mercado sino en infraestructuras de salida y de gobernanza alternativa.

Esta reconceptualización conlleva implicaciones significativas para los constructos fundacionales de la investigación sobre emprendimiento. La oportunidad debe reconceptualizarse como el reconocimiento de tensiones y quiebras en los sistemas dominantes de legitimidad, allí donde pueden construirse órdenes institucionales alternativos. El valor no puede conceptualizarse únicamente en términos de beneficio, crecimiento o impacto social; para los emprendedores ideológicos, el valor puede relacionarse con la capacidad de una empresa de construir y difundir una cosmovisión preferida. Y, por último, el éxito pasa a ser una función de redefinir las visiones de organización social, construir infraestructuras de autonomía o deslegitimar a los actores establecidos, en lugar de escalar económicamente sin más.

La legitimidad, a su vez, no es una condición pasiva del campo sino un objeto de disputa. Los emprendedores ideológicos construyen selectivamente audiencias de las que obtienen legitimidad dentro de los sistemas existentes, a la vez que redefinen los términos en que se concede (o debería concederse) y se impugna la legitimidad en general. Por ejemplo, los constructores de ciudades chárter pueden depender principalmente de la legitimidad que les confieren otros creyentes y posibles colonos/inversores, pero también de un pequeño gobierno anfitrión dispuesto a firmar una ley de zona especial. Por otro lado, la ciudad chárter puede trabajar activamente para evitar ser percibida como legítima por «la corriente dominante» con el fin de conservar su credibilidad como concepción de un marco institucional y un modelo social alternativos. El emprendimiento emerge así como un terreno político donde se proponen futuros alternativos, se disputan y se materializan mediante la actividad empresarial y las nuevas tecnologías.

Al avanzar esta conceptualización, nuestro artículo sitúa el emprendimiento ideológico no meramente como una variante del emprendimiento social (Dacin et al., 2011) o institucional (Garud et al., 2002), sino como un campo de investigación distinto y emergente. Así como el emprendimiento social reconfiguró la comprensión que tenía el campo de la motivación y el impacto (Choi y Majumdar, 2014), el emprendimiento ideológico exige replantear el papel del emprendimiento: de catalizador de la innovación económica a campo de batalla de la construcción institucional de mundos.

4.2. Implicaciones prácticas y de política pública

El emprendimiento ideológico plantea desafíos significativos y poco explorados para la práctica y la elaboración de políticas. Si bien estos emprendedores pueden considerarse subversivos —en particular por quienes tienen interés en mantener la legitimidad del orden liberal de mercado vigente—, pueden entenderse igualmente como agentes vitales de experimentación sistémica. Los movimientos sociales dedicados a la «política prefigurativa» —en la que las concepciones de sociedades futuras se modelan y se ponen en práctica como medio de cambio social radical— aspiran a trascender el capitalismo mediante la «erosión desde dentro» (Monticelli, 2022; Yates, 2015). De hecho, las pruebas procedentes de los estudios de transición y los análisis del cambio sociotécnico se combinan para sugerir que el cambio social ocurre como resultado de construir lo nuevo dentro de lo viejo y contra ello (Törnberg, 2021). En este sentido, el emprendimiento ideológico constituye una forma de innovación social, en la que las empresas se convierten no solo en bancos de pruebas sino en vehículos de puesta en práctica de modos alternativos de gobernanza, creación de valor y organización institucional.

Para los profesionales —inversores, incubadoras, educadores—, esto crea a la vez riesgo y oportunidad. Las empresas fundadas en compromisos ideológicos radicales pueden rehuir las trayectorias de crecimiento tradicionales, resistirse a estrategias de salida como la adquisición o la OPV, o impugnar activamente las métricas dominantes de éxito. Los modelos estándar de evaluación de empresas, que priorizan la escalabilidad, el retorno de la inversión y el ajuste al mercado, pueden resultar poco adecuados para evaluar el impacto o el potencial de las empresas ideológicas. Los inversores y las organizaciones de apoyo atentos solo a las métricas financieras corren el riesgo de pasar por alto o juzgar mal empresas cuyo valor principal reside en su influencia política o normativa.

Los responsables políticos se enfrentan a un panorama igualmente complejo. Los emprendedores ideológicos pueden operar deliberadamente en zonas grises regulatorias (p. ej., el seasteading), usar nuevas estructuras de gobernanza (p. ej., DAO, ciudades chárter) o perseguir estrategias de secesión territorial o digital. Estas actividades amenazan la jurisdicción, la soberanía y el papel del Estado en la configuración de los ecosistemas emprendedores. Por tanto, los responsables políticos deben lidiar con la doble naturaleza del emprendimiento ideológico: por un lado, como fuente de pluralismo, implicación democrática y evolución institucional; por otro, como posible vector de erosión democrática, enclaves excluyentes o autoritarismo tecnológico.

En lugar de abordar el emprendimiento ideológico únicamente como una amenaza regulatoria o como un lugar de innovación acrítica, los responsables políticos podrían adoptar una postura de gobernanza anticipatoria. Esta implicaría identificar de forma proactiva las empresas ideológicas emergentes, comprender sus compromisos normativos y evaluar sus impactos sociales más amplios —no solo en términos de rendimiento económico, sino de legitimidad institucional, cohesión social y rendición de cuentas democrática—. Partiendo de los principios de la gobernanza anticipatoria —previsión, implicación e integración (Guston, 2014)—, esta postura podría concebirse también como una forma de gobernanza participativa, similar a cómo se enmarca a los movimientos sociales como colaboradores en algunas formas de innovación democrática (Bua y Bussu, 2023). Sin embargo, dado el rechazo de las normas democráticas existentes dentro de algunas corrientes del aceleracionismo (esto es, el ala neorreaccionaria), la eficacia de tales enfoques puede acabar siendo limitada. Este sigue siendo un tema de debate muy oportuno y urgente.


5. Conclusión: el emprendimiento como creación de mundos en disputa

Este artículo ha avanzado el concepto de emprendedor ideológico, sosteniendo que la creación de empresas es cada vez más un vector primordial para poner en práctica cosmovisiones políticas rivales. Sintetizando a Deleuze y Guattari (1983), Hirschman (1970) y Slobodian (2020, 2023), conceptualizamos a estos emprendedores como agentes que desterritorializan estratégicamente los arreglos sociotécnicos existentes y reterritorializan el espacio social según planos ideológicos específicos, ya sea mediante la ruptura aceleracionista, la salida basada en zonas o la resistencia orientada al decrecimiento.

Ejemplos que van desde proyectos secesionistas explícitos como Próspera⁷ hasta la resiliencia contracultural de Fairphone⁸ ilustran las trayectorias divergentes y políticamente cargadas del emprendimiento contemporáneo. Atender meramente a la función económica de las empresas oscurece la profunda disputa ideológica sobre los futuros que pretenden instanciar. En suma, para observar los proyectos políticos más radicales en marcha en la sociedad actual, sugerimos que es aconsejable observar los márgenes de la comunidad de nuevas empresas en lugar del parlamento o la esfera sindical.

A medida que las empresas respaldadas por capital ideológicamente alineado ganan un apalancamiento sin precedentes,⁹ los académicos, los profesionales y los responsables políticos deben interrogar no solo cómo tienen éxito las empresas, sino qué tipo de éxito persiguen y qué tipo de mundo están construyendo. Implicarse con las «heterodoxias significativas» (Pidduck y Tucker, 2022) que encarnan los emprendedores ideológicos es esencial para navegar el terreno disputado de la creación política de mundos en el siglo XXI y para fomentar ecosistemas emprendedores propicios a los valores democráticos, la justicia social y la integridad ecológica.


Declaración de contribución de autoría CRediT

Dominic Chalmers: Redacción – revisión y edición, Redacción – borrador original, Conceptualización. Felix Honecker: Redacción – revisión y edición, Redacción – borrador original, Conceptualización. David Johnson: Redacción – revisión y edición, Redacción – borrador original, Conceptualización. Gemma Milne: Redacción – revisión y edición, Redacción – borrador original, Conceptualización.

Resumen del artículo y puntos de acción

Nos interesan los emprendedores motivados por algo más que dinero. En concreto, examinamos a actores que utilizan la creación de empresas para remodelar sistemas de creencias y comportamientos. Aunque esto puede parecerse a otras formas de emprendimiento guiadas por una misión, los emprendedores ideológicos (EI) son distintos: en lugar de buscar la validación de los garantes de legitimidad convencionales (p. ej., el gobierno, los organismos sectoriales), construyen sistemas paralelos —cartas, plataformas, monedas o enclaves— que permiten una salida parcial de las normas sociales y las restricciones legales imperantes.

Identificamos tres categorías emergentes de EI. Los EI aceleracionistas de derechas tratan los arreglos político-regulatorios actuales como irreparables y aprovechan las criptomonedas y las infraestructuras descentralizadas para prototipar regímenes políticos en red y formas alternativas de gobernanza. Los EI aceleracionistas de izquierdas persiguen una visión postrabajo, anticipando que la IA y la innovación energética desbloquearán la abundancia y sustentarán arreglos sociales más igualitarios. Los EI deceleracionistas/del decrecimiento salen del capitalismo centrado en el crecimiento creando empresas diseñadas para la suficiencia y no para la escala, priorizando la reparación, la reutilización y el abastecimiento local por encima del hipercrecimiento.

¿Por qué importa esta investigación?

  1. Para los emprendedores. Las nuevas empresas pueden eludir deliberadamente las reglas y normas establecidas como estrategia. Si no se busca la legitimidad ante los reguladores o los organismos sectoriales, los EI pueden obtenerla de otras audiencias (quién la concede, cómo se gobierna y cómo sostiene a una comunidad son cuestiones abiertas). Los emprendedores pueden usar nuestro marco para identificar la institución que pretenden sustituir (dinero, propiedad, gobernanza, lógica del crecimiento) y considerar cómo se proponen hacerlo.
  2. Para los responsables políticos. El emprendimiento ideológico no es inherentemente bueno ni malo, pero algunas corrientes cuestionan líneas de base democráticas y éticas ampliamente compartidas. La comunidad política puede usar esta lente para interpretar las empresas emergentes por sus mecanismos y sus estados finales institucionales, construyendo salvaguardas específicas donde los riesgos son altos y evitando al mismo tiempo medidas represivas indiscriminadas que también ahogarían una experimentación productiva.
  3. Para los académicos. La investigación contemporánea a menudo trata el emprendimiento de forma instrumental. Nuestro marco recentra al emprendedor como arquitecto de sistemas de creencias e infraestructuras, desplazando la atención de la explotación estrecha de oportunidades hacia la creación institucional de mundos: cómo se diseñan, se legitiman y se difunden reglas y regímenes alternativos.

Declaración sobre el uso de IA

Los autores utilizaron ChatGPT (GPT-4) de OpenAI para ayudar en el desarrollo de este manuscrito. La herramienta de IA se empleó para refinar la estructura del manuscrito, aclarar marcos teóricos, dar formato a tablas, resumir materiales de referencia y mejorar la gramática. Todo el contenido generado por IA fue revisado y editado a fondo por los autores para garantizar su exactitud y coherencia. Los autores asumen plena responsabilidad por el contenido y afirman que la IA se utilizó como herramienta para mejorar el proceso de escritura, sin comprometer la integridad de la investigación.

Declaración de intereses en conflicto

Los autores declaran que no tienen intereses financieros en competencia ni relaciones personales conocidos que pudieran haber parecido influir en el trabajo presentado en este artículo.

Disponibilidad de datos

No se utilizaron datos para la investigación descrita en el artículo.


Notas

¹ NRx es un pequeño movimiento intelectual asociado con Curtis Yarvin y el filósofo Nick Land que critica la democracia liberal por considerarla estructuralmente ineficiente y defiende regímenes políticos jerárquicos de tipo «patchwork» —ciudades-Estado soberanas, al estilo de un director ejecutivo— que se perseguirían mediante la salida en lugar de por vías democráticas. Aunque marginales, las ideas del NRx circulan en algunos círculos de Silicon Valley y de las ciudades chárter y Estados red; las mencionamos aquí solo como telón de fondo ideológico de ciertos proyectos aceleracionistas de derechas (véase Kofman, 2025).

² Es decir, los emprendedores ideológicos llevan a cabo algunas actividades similares a las de los emprendedores institucionales (p. ej., crear nuevas instituciones y difundir normas), pero no aceptan las reglas del juego más amplias en las que se emprenden esas nuevas actividades institucionales y, por tanto, no buscan la aceptación de las entidades importantes que confieren legitimidad a nivel de campo.

³ Estos no son exclusivos ni exhaustivos: sugerimos que el espectro de actividad es amplio y que hay oportunidades significativas para seguir avanzando en esta tipología.

⁴ https://www.seasteading.org.

⁵ Yarvin la fundó a través de una organización llamada Tlon Corporation. La financiación inicial la aportaron Peter Thiel y Marc Andreessen a través de su Founders Fund (https://time.com/7269166/dark-enlightenment-history-essay/).

⁶ https://www.palantir.com.

⁷ https://www.prospera.co/en.

⁸ https://www.fairphone.com.

⁹ Por ejemplo, a través de inversores como Peter Thiel, Marc Andreessen y Balaji Srinivasan, que han expresado todos ellos alguna forma de motivación aceleracionista de derechas.


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